Eficiencia Energética

La eficiencia energética, producir más con menos energía

02/01/2019


El consumo energético se puede reducir mediante construcciones bioclimáticas, la elección de electrodomésticos e iluminación más eficientes y la modificación de los hábitos de consumo

El desarrollo de la sociedad y el consumo de la energía han estado íntimamente ligados a lo largo de la historia hasta tal punto que, en la actualidad, dicha energía se considera clave en el progreso humano. En todos los países el sistema energético se sitúa en primer orden a la hora de establecer prioridades tanto en el escenario científico como en el político, económico o social, debido a las repercusiones que su gestión tiene para la población mundial.

El previsible agotamiento de los combustibles de origen fósil y el cambio climático, como consecuencia de las emisiones de efecto invernadero, generan una serie de desafíos que exigen la búsqueda de soluciones, entre las que se encuentran prácticas como la eficiencia energética y el empleo de fuentes de generación de energía respetuosas con el medio ambiente.

La eficiencia energética representa el uso eficiente de la energía, una manera de optimizar los procesos productivos y el empleo de la energía utilizando los mismos recursos, o menos, para producir más bienes y servicios. Dicho de otra manera, producir más con menos energía. No se trata de ahorrar luz sino de, por ejemplo, iluminar mejor consumiendo menos electricidad.

Desde un punto de vista práctico, el consumo energético de una vivienda se puede reducir a través de una construcción bioclimática, la elección de equipos de calefacción, electrodomésticos e iluminación más eficientes y la modificación de los hábitos de consumo de sus habitantes.

A modo de ejemplo, la calefacción puede ser objeto de ahorro de energía principalmente con hábitos de consumo tales como un uso racional del mismo, la correcta elección de una caldera eficiente o con el correcto aislamiento térmico de las habitaciones.

En la producción de agua caliente puede emplearse como ayuda la energía solar térmica, mediante uso de sistemas de almacenamiento de energía que retengan el calor para que el agua caliente esté disponible la mayor parte de tiempo posible. Así mismo, se puede ahorrar energía dotando a los grifos con reductores volumétricos de caudal con lo que se puede reducir el consumo de la energía empleada en calentar agua en más del 40%.

Por otra parte, los electrodomésticos tienen una gran parte en el ahorro de energía doméstico. En Europa, frigoríficos, congeladores, lavadoras, lavavajillas, secadoras, fuentes de luz domésticas, hornos eléctricos y sistemas de aire acondicionado tienen un etiquetado especial denominado etiqueta energética que viene a mencionar la eficiencia en el consumo y el nivel de respeto con el medio ambiente. Un electrodoméstico de clase A puede llegar a consumir un 55% menos que el mismo en una clase media por lo que la elección de un electrodoméstico con esta información puede suponer un ahorro económico.

Con respecto a la iluminación eléctrica, que supone entre el 18% y el 20% del consumo doméstico, el empleo de bombillas de bajo consumo supone un importante ahorro de energía. En este sentido, El aprovechamiento de la luz natural es vital para la eficiencia en la iluminación, un aspecto que debe ser integrado desde el propio diseño de los inmuebles, teniendo en cuenta aspectos como la orientación, edificios cercanos, vegetación, profundidad del edificio o superficie de las ventanas.

Precisamente en la actualidad se están construyendo numerosas viviendas bajo el concepto Passivhaus, o construcciones denominadas pasivas, que básicamente son casas con un consumo energético nulo o muy pequeño, de forma que resulta posible vivir en ellas con alto nivel de confort térmico sin el empleo de ninguna de las soluciones tradicionales de calefacción. Se trata de viviendas verdaderamente eficientes energéticamente, cómodas y ecológicas al mismo tiempo que, entre sus características, cuentan con un sistema de ventilación que proporciona continuamente aire de buena calidad sin causar pérdidas térmicas o corrientes desagradables. Todo ello tiene beneficios directos sobre la salud de las personas. Además, el ahorro y uso eficiente de la energía disminuye la emisión de gases de efecto invernadero.

Fuente: www.laopinion.es



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